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En un adios.



De la dulzura de un alma
ha salido un verso bello,
para recordar que aquello
no ha de traerme la calma.

Vuela ese nuevo camino
en el cual tu has caminado,
cuando pasando a mi lado
me forjaste un destino.

Si ese hombre peregrino
te produce un nuevo estado,
me sentiré confortado
cuando goces lo divino.

Abandono el alma entera
a los caprichos del viento;
ya no sufriré tormento
por no sentirte a mi vera.

Lo que no he de perdonarte
es que no dijiste nada,
solo escuche la llamada
de mi alma vacilante.

Emilio.
13Marzo2011.

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